El jueves 4 de julio de 1861, a las 4:00 de la tarde, el general republicano Francisco del Rosario Sánchez fue conducido al paredón de fusilamiento en una silla, porque su cuerpo herido no podía mantenerse en pie. Días antes había sido capturado junto a decenas de patriotas en las cercanías de la loma Juan de la Cruz, en el Cercado, después de sostener un intenso enfrentamiento con las tropas anexionistas.
“Es fama que uno de sus acompañantes, Timoteo Ogando, le ofreció sacarlo del teatro de los hechos y llevarlo en las ancas de su caballo, con lo cual le brindó la oportunidad de evadir ser apresado y regresar a Haití, pero el héroe del Conde, en un impresionante gesto de solidaridad con sus compañeros de lucha, rehusó la invitación y prefirió caer en manos del enemigo”, apunta el historiador Juan Daniel Balcácer en su artículo “Francisco del Rosario Sánchez: el mártir de El Cercado”.
Cuando las tropas parricidas terminaron con su vida biológica, el prócer llevaba 23 años luchando por el más noble proyecto del pueblo dominicano: la Independencia Nacional (nació el 9 de marzo de 1817, tenía 27 años la noche de la gesta). El político y estratega que encabezó la separación de los haitianos, entró por Haití con 500 hombres que pretendían tomar la plaza de San Juan y enfrentar a los anexionistas.
Para que nadie dudara de la transparencia y la firmeza de sus intenciones, escribió un manifiesto del que se sustrae una frase imborrable: “Entro por Haití porque no puedo hacerlo por otra parte; pero si alguien pretendiese mancillar mi nombre por eso, decidle que yo soy la Bandera Dominicana”.
Trinitario
Así transcurrieron los últimos días de un hombre que pasó de vendedor de peines a líder del movimiento nacionalista que proclamó y dirigió la primera República. Fue Sánchez quien se encargó de la Trinitaria cuando Juan Pablo Duarte salió al exilio en 1843. A él le tocó revisar el famoso Manifiesto del 16 de Enero, en el que los sectores conservadores y la juventud revolucionaria de Santo Domingo anunciaban la separación de Haití.
Junto a Vicente Celestino Duarte y Matías Ramón Mella organizó y guió a los trinitarios hasta la noche inolvidable del martes 27 de febrero de 1844. Cuando Mella disparó su trabuco y los conjurados corrieron a la puerta de El Conde, Sán chez, el de la palabra certera, levantó por primera vez la bandera dominicana, la cual se convirtió en sinónimo de su nombre.
“Nuestro digno amigo y compañero Sánchez, que tan cordial y entusiásticamente te amaba, murió con la esperanza de reunirse contigo en la eternidad”, contaría el poeta Félix María del Monte en una carta dirigida a Juan Pablo Duarte 21 años después de la más clara noche de febrero.
BANDERA NACIONAL Y SUS MODOS DE USO
Para custodiar y promover el respeto a los símbolos de la dominicanidad, y evitar los malos entendidos, la ley No. 360, del 21 de agosto de 1943, regula el uso de la bandera nacional. Advierte que: •En las instituciones públicas y privadas, debe izarse a las 8:00 de la mañana y ser arriada a las 6:00 de la tarde.
•La bandera debe exhibirse en hogares sólo en fechas patrias o en casos especiales, cuando haya una disposición del Poder Ejecutivo.
•La bandera merece reverencia todo el tiempo.
Al arriarse, nunca debe tocar el suelo.
•La bandera no debe amanecer ondeando en ninguna institución pública o privada. Sólo en plazas y parques, considerados patrimonio cultural e histórico, es permitido que ondee siempre.
• La ley penaliza a quienes exhiban banderas en mal estado, descoloridas o raídas ya por el desgaste.
•Cuando se coloca sobre una mesa, en un acto público, sobre la bandera no debe colocarse nada.
• En propaganda política partidista nunca debe usarse el pabellón nacional, toda vez que cada organización política tiene su propia bandera corporativa.
•En caso del fallecimiento de próceres, héroes y ciudadanos distinguidos, existe una normativa para el uso de la bandera durante las exequias.





























