El 15 de agosto del 2008, desde tempranas horas de la mañana, comenzaron a llegar a Loma de Cabrera los fieles de las diferentes parroquias de la línea noroeste. El ayuntamiento municipal había promulgado un decreto declarando como día de júbilo este viernes que amaneció nublado. En el jardín lateral del nuevo santuario se preparó un lugar, cubierto con lonas, para que el cuadro de la Virgen estuviera más cercano a los peregrinos que traían sus velas y sus oraciones.
Buscando extender el espacio del templo, a ambos lados de la nave central se colocaron otras lonas que abrían sus alas protegiendo a los que no cabían dentro. Los informes de meteorología anunciaban el paso inminente de una tormenta sobre todo el país. El Cerro de Chacuey, que esta pegadito del Santuario, se cubrió de niebla y luego de una llovizna que lo hizo desaparecer en el horizonte.
Los peregrinos seguían llegando. El calor de agosto se disipaba un poco con las nubes que anunciaban lluvias vespertinas tempranas. Después de compartir el almuerzo con los que venían de lejos, iniciamos con música mariana en el templo aprovechando la presencia de Radio Marien, que desde las 10:00 a.m. estaba reportando desde Loma las incidencias de este acontecimiento. A las dos de la tarde, un equipo de la parroquia Santa Cruz de la catedral inició el rezo del rosario con el templo casi lleno. A las 3:10 p.m. comenzamos la eucaristía con la presencia de casi todos los párrocos de la diócesis, presidiendo Monseñor Diómedes Espinal. Nos acompañaban también el padre Jesús Zaglul, nuevo maestro de novicios y el padre Fernando Polanco, recién electo provincial de la Compañía de Jesús en las Antillas.
Después del saludo del obispo a la asamblea, el párroco de Loma, P. David Pantaleón, leyó el decreto del obispado declarando este templo como “Santuario Regional Diocesano Nuestra Señora de la Altagracia” seguido de un prolongado y emotivo aplauso. Durante el canto del gloria se oyó un suave repique de campanas.
En el momento de la homilía el párroco hizo una breve reseña histórica de la devoción mariana en este lugar llegando hasta el año 1936, cuando el primer superior de la misión fronteriza de la compañía de Jesús, el padre Felipe Gallego, visitó por primera vez este poblado reportando que encontró aquí una vieja ermita que era ya, por la devoción popular, el “santuario de la misión fronteriza”. El Padre Fernando Polanco s.j., leyó una carta que se encontró en los archivos de la Compañía de Jesús en la que el padre Mariano Zaragoza comunicaba que había encontrado en los libros de bautizos de la parroquia una lista numerosa de personas que recibieron ese sacramento en las fiestas patronales de la Altagracia en el año 1913. Y concluye afirmando que la devoción a la Virgen en ese cerrito de Loma viene de finales del siglo XIX.
Monseñor Diómedes Espinal inició su homilía retomando el proceso histórico que fue dando origen a este Santuario. Hizo memoria agradecida de los misioneros, sacerdotes, religiosas y laicos que acompañaron todo este caminar en esta zona fronteriza. Explicó lo que significa un Santuario como lugar de peregrinación, de agradecimiento, de perdón y de compromiso. Recordó que también desde aquí fue el inicio de las luchas de la Restauración y la responsabilidad que esto supone para los hombres y mujeres de esta región en la lucha contra las esclavitudes de hoy. Se detuvo en la imagen del libro del Apocalipsis que describe el combate entre esa mujer coronada de estrellas, portadora de vida y los dragones de 7 cabezas que nos amenazan hoy: las drogas, la corrupción, el afán del dinero, la violencia. Hizo finalmente un llamado a todos los que tienen cargos públicos para que vivan con seriedad y sentido de justicia la función que ocupan.
Concluida la oración de los fieles rezamos todos juntos una oración de consagración a la Virgen de la Altagracia que preparó el obispo para esta memorable ocasión.
En la procesión de ofrendas cada parroquia presento un velón encendido y adornado que fue colocado a los pies de la Virgen.
Concluida la misa, antes de la bendición final, el ayuntamiento municipal de Loma de Cabrera entregó un reconocimiento al obispo, los sacerdotes y sus comunidades acogiéndoles como “visitantes distinguidos” y agradeciendo lo que significa esta importante distinción de reconocer nuestro templo como Santuario Diocesano Regional.
Después de las acciones de gracias y de una canción que escribió el párroco inspirado en esta fiesta, concluimos con la bendición solemne del Obispo y el canto a la Virgen.
En la salida se le entregó a cada parroquia una foto del nuevo Santuario Diocesano que recoge la vida y la devoción de los peregrinos.
La llovizna se intensificó, como bendiciendo desde el cielo estas tierras después de unos días de sequía. La música de los palos retumbó en la vieja casa curial, mientras se mezclaban en los alrededores del santuario los peregrinos de todos los rincones de la Diócesis unidos por una misma fe, convocados por Maria, la de la Altagracia, llevándose muy adentro la alegría de saberse como ella “peregrinos del Dios bueno”.
Por P. David Pantaleon S. J.
Foto: D. Pantaleon






























